CONSUMO DE DROGAS

 

Consumir droga no es un fenómeno de nuestros días. A lo largo de la historia del hombre se han utilizado las drogas con diferentes fines: médico, terapéutico, mágico-religioso, de evasión.

Si bien fenómeno toma unas características diferentes. El incremento del consumo de sustancias hasta hace poco desconocidas en nuestra sociedad unida a las ya tradicionalmente asumidas, ha originado una problemática social que desborda los aspectos sanitarios y asistenciales.

El aumento de la droga en los lugares donde se reúnen adolescentes y jóvenes está generando un genuino macrocomercio que está enriqueciendo más de un arca. La problemática adolescente (crisis de identidad, inseguridad, rebeldía, falta de expectativas de futuro,...) se convierte en un auténtico “caldo de cultivo” para el inicio de sustancias tóxicas.

Para llegar a conocer esta problemática es necesario preguntarse por las razones profundas que mueven a los adolescentes a consumir sustancias tóxicas. Si queremos acercarnos a esta comprensión debemos abandonar los juicios de valor y los apasionamientos innecesarios y abrimos a la reflexión y la solidaridad.

Abandonar asimismo los tópicos que oprimen la identidad adolescente: “los adolescentes son...” Ni todos los adolescentes consumen tóxicos ni son unas fierecillas a las que es necesario educar.

 

 

 

Solamente una intervención preventiva de, en y para la comunidad puede dar una respuesta eficaz a esta realidad donde la droga se erige en un “elemento cultural” más.

Sólo una actuación continuada y no puntual puede garantizar los resultados en esta materia. La prevención trae a largo plazo mejores resultados. Datos que no deben ser valorados por su “número”. En prevención, es necesario abandonar la obsesión de las instituciones por las estadísticas y tablas comparativas rebosantes de números. Lo que prima es una actuación continuada en el tiempo y coordinada con los recursos existentes porque prevenir es invertir en el futuro.

 

NINGUNA FAMILIA ESTÁ INMUNIZADA CONTRA LA DROGA.


La droga es una gran máquina productora de hombres débiles e inmaduros. Cuanto más joven se inicie un chaval en el consumo más riesgo corre en quedar “enganchado”.

Los efectos nocivos del porro, por ejemplo, son más graves de los que muchos jóvenes piensan. En cualquier caso dependerá de la cantidad que se fume, de la frecuencia y de las circunstancias en que se realice el consumo. Las consecuencias serán más serias se si mezclan con alcohol.

Los efectos físicos del porro son bronquitis, enfisema, taquicardia, sequedad de boca y garganta y enrojecimiento de los ojos, así como las infecciones, esterilidad y predisposición a la acumulación de esta droga en el cerebro, riñón y testículos. Los efectos psíquicos pasan por una sensación de euforia y valentía, pero disminuyendo la concentración y los reflejos, semejantes al estado de embriaguez. Si ha habido una intoxicación grave aparecen entonces alucinaciones y sentimiento angustioso de persecución, pudiendo desatar el consumidor acciones violentas. El adicto puede transformarse en una persona apática, desmotivada por los estudios, los amigos o el trabajo. se convierte en un ser solitario, sin emociones.

Los chavales se inician en el consumo de drogas por curiosidad o por la presión del grupo con el que se relacionan, aunque el haber probado esporádicamente los porros no hace a una persona drogadicta, aunque un consumo continuado es un síntoma de dependencia.

Existen ciertos síntomas que nos desvelan que un joven puede estar consumiendo esta droga: aumento de la preferencia por los dulces, ojos enrojecidos, problemas de memoria, somnolencia, cambios de humor, abandono de actividades deportivas o aficiones, aumento de los gastos, tos seca, dolores de cabeza, etc.

Hay que tener en cuenta que el consumo de drogas se inicia por las legales, normalmente dentro del contexto familiar –alcohol, fármacos, tabaco-, lo que acaba convirtiéndose en un estilo de vida asimilado. Por eso los padres deberán educar a sus hijos en una vida más saludable y evitando los autoritarismos, afrontando sin miedo el tema de las drogas, hablando con los hijos e informándose a este respecto en cualquier centro para drogodependientes. Y aunque es mucho lo que puede hacer no deben alarmarse o caer en el fatalismo, puesto que, por desgracia, ninguna familia es inmune ante las drogas.

 

 

PREVENCION DEL CONSUMO DE DROGAS

 

Consumir droga no es un fenómeno de nuestros días. A lo largo de la historia del hombre se han utilizado las drogas con diferentes fines: médico, terapéutico, mágico-religioso, de evasión.

Si bien fenómeno toma unas características diferentes. El incremento del consumo de sustancias hasta hace poco desconocidas en nuestra sociedad unida a las ya tradicionalmente asumidas, ha originado una problemática social que desborda los aspectos sanitarios y asistenciales.

El aumento de la droga en los lugares donde se reúnen adolescentes y jóvenes está generando un genuino macrocomercio que está enriqueciendo más de un arca. La problemática adolescente (crisis de identidad, inseguridad, rebeldía, falta de expectativas de futuro,...) se convierte en un auténtico “caldo de cultivo” para el inicio de sustancias tóxicas.

Para llegar a conocer esta problemática es necesario preguntarse por las razones profundas que mueven a los adolescentes a consumir sustancias tóxicas. Si queremos acercarnos a esta comprensión debemos abandonar los juicios de valor y los apasionamientos innecesarios y abrimos a la reflexión y la solidaridad.

Abandonar asimismo los tópicos que oprimen la identidad adolescente: “los adolescentes son...” Ni todos los adolescentes consumen tóxicos ni son unas fierecillas a las que es necesario educar.

Solamente una intervención preventiva de, en y para la comunidad puede dar una respuesta eficaz a esta realidad donde la droga se erige en un “elemento cultural” más.

Sólo una actuación continuada y no puntual puede garantizar los resultados en esta materia. La prevención trae a largo plazo mejores resultados. Datos que no deben ser valorados por su “número”. En prevención, es necesario abandonar la obsesión de las instituciones por las estadísticas y tablas comparativas rebosantes de números. Lo que prima es una actuación continuada en el tiempo y coordinada con los recursos existentes porque prevenir es invertir en el futuro.
 
 

LOS MENORES, VÍCTIMAS DE LAS DROGAS


Aunque el problema de la droga en España se remonta a 1973, es en 1975 cuando deja de ser para el tráfico de drogas un país de tránsito para convertirse en un país de destino, generando un mercado propio. Fue en 1974 cuando aparecieron los primeros indicadores indirectos sobre este problema: robos en farmacias, muertes por sobredosis, incautación de alijos, etc.

Los delitos y tensiones familiares en instituciones y colegios provoca en 1979 una presión social fuerte para que se tomen las medidas oportunas ante un problema que ya está en la calle. Pero llegados a 1980 nos encontramos con que la Administración todavía no había llegado a tomar las medidas oportunas a nivel de prevención, tratamiento o rehabilitación.

Hoy en día, a pesar de que existe un Plan Nacional sobre Drogas y Planes Autonómicos, todavía se continua aislando la drogodependencia como un problema en sí mismo, y no se le está dando respuestas efectivas desde todos los ámbitos de la vida social: familia, escuela, trabajo, ocio, vida comunitaria... sin hacer compartimentos estancos como si de una epidemia que afecta a ciertos individuos de tratase.

Así nos encontramos con que el problema de las toxicomanías afecta principalmente a muchos adolescentes y jóvenes de nuestro país, por ser estos más vulnerables. Aunque las drogas se consumen en todas las capas sociales, bien es cierto que los miembros de las capas más bajas sufren con mayor incidencia y estragos este azote de la era del consumismo.

En estos niveles socioeconómicos bajos o muy bajos, existen menores que sufren un largo camino de incomprensión, delitos y abandono. Son menores “de la calle”, de esas calles que han perdido la connotación de lugar de convivencia, calles de barrios dormitorios, de la inmigración, de las minorías étnicas, de los despreciados. Estas estructuras urbanísticas, de apelotonamiento, hacen que la situación no sea fácilmente modificable, pues las características fundamentales son: la falta de zonas verdes y de recreo, falta de políticas serias de juventud y de ocupación del ocio, escasez de perspectivas laborales, ningún recurso sociocultural y un largo abandono provocado por políticas sociales de carácter benéfico.

Es relativamente fácil encontrar en estos barrios niños y jóvenes marcados por una familia desestructurada, por un altísimo índice de fracaso escolar y por el rechazo social. Así, los jóvenes, están ante una indefensión total ante un problema tan real como son las drogas, que ofrecidas para su consumo por muy diversos canales.

Bastaría con dar lectura a algunas cifras sobre producción, venta y consumo de alcohol, anfetaminas y tabaco, los ingresos en Hacienda por estos conceptos o los números que mueve la industria de seguridad para empezar a considerar en sus justos términos la importancia social, económica y política de ese problema que luego se ofrece a la opinión pública disfrazado como un problema de jóvenes peligrosos, en peligro, inadaptados, delincuentes, etc. No estaremos muy desencaminados si consideramos las drogas y la inseguridad ciudadana como un problema de producción y consumo.

Cuando se comienza hablando de la peligrosidad de las drogas y de los toxicómanos, se termina el discurso sobre cómo encerrarlos o perseguirlos. De esta forma, el tráfico al por mayor queda fuera del discurso, lo que beneficia a los verdaderos delincuentes: los traficantes.

Hay niños entre 12 y 15 años que ya consumen alguno de los tipos de drogas, ya sea tabaco, alcohol o hachís, y muchos otros han tenido ofertas múltiples para aceptar o probar estas drogas. Esta oferta se presenta casi siempre en su medio habitual de relación, entre compañeros, por amigos o colegas (algunos de mayor edad que ellos). No se trata en los comienzos del consumo de un mítico traficante, sino que la incitación a probar se produce de forma natural entre el grupo de barrio o de la escuela o instituto.

¿Qué otra opción le ofrece a estos adolescentes el entorno para poder rechazar este riesgo, cuando los medios de comunicación (sobretodo la TV) le insiste diariamente que es mucho más importante tener que ser?. De ahí la incidencia alarmante de las drogas en este período de la adolescencia.

El papel de los educadores (padres, maestros, vecinos) resulta cada día más una necesidad social que debe ser cubierta con urgencia. La experiencia profesional en el trato con chavales avala esta afirmación. Por eso decimos que hay un hecho claro e indiscutible: la calle está contaminada y nadie parece tener querer darle solución al problema. Imaginemos el Río Lagares de Vigo, donde había distintos tipos de peces con más o menos defensas. Estos últimos sin apenas protección son los que nos interesan. Ellos no seleccionan lo que deben o no comer; sin embargo se adaptan mejor que el resto al río contaminado porque no han conocido otro río mejor. Estos peces son los que precisamente se comen los detergentes, las materias contaminadas que arrojan las fábricas de alrededor.

Cuando el alcalde se plantea el problema decide esconder el río, tapando el problema. No se le ocurre coger los peces y meterlos en peceras para que, una vez curados, devolverlos al río. Sería un planteamiento ineficaz porque el río sigue contaminado. Lo que sí podríamos hacer, y no se hace, es poner depuradoras para el agua del río.

Si aplicamos esta historia a los chavales: ¿no parece claro que a veces se esconde o se ignora el problema por parte de los que detentan el poder?

 



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